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Fernando Adrián: jamás un torero con dos Puertas Grandes estuvo peor tratado en las Ferias

Fernando Adrián, arrinconado tras abrir por dos veces la Puerta Grande de Madrid, y todo tras haber decenas de sustituciones de Morante, Manzanares o Roca Rey. Y tampoco estará en la Feria de Otoño.

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Venimos contando desde hace semanas el calvario por el que está pasando Fernando Adriánun espada que tras abrir por dos veces la Puerta Grande de Las Ventas no ha visto ni un pitón más, ya fuera porque no sonó el teléfono o porque la oferta no fuera la que esperaban. Pese al interés del aficionado, ese triunfo no se está materializando en contratos, siendo su apoderado el único que apostó por él para darle cabida en Cuenca en un cartel con la categoría que se ganó en el ruedo de Madrid.

Y ni una más. Y todo en unas fechas donde toreros como Morante de la Puebla, Manzanares, Cayetano o Roca Rey han causado baja en las últimas semanas. No se entiende esa falta de empatía hacia un torero que tenía todo el derecho del mundo a estar esperanzado de cara a su inclusión en las ferias del verano, pero los días pasaban y no se fraguaba nada. Sin duda, lo que más debe doler al torero es verse fuera de una Feria de Otoño donde no estará.

Siempre se ha dicho que, en esta profesión de valientes, la justicia era un nombre para olvidar. Este es un rito en el que los maestros más grandes de la historia se la jugaron en un ruedo con el sino de su propia vida como aduana para la siguiente tarde, jamás existió ese concepto para ser grande. Porque siempre llegó el fruto ganado en la arena. En esta profesión no existe el lamento. Y no lo existe porque la misericordia no es excusa para quien se juega la vida cada tarde con un traje de luces.

Hasta su tarde de Madrid con los animales de Santiago Domecq, el nombre de Fernando Adrián únicamente pululaba por los mentideros taurinos de la capital, en tertulias de Twitter y en charlas de barra de bar. La preparación tuvo sus frutos tras lograr emocionar a Las Ventas y ver como su afición le alzaba al cielo más alto de cuantos existen: el de la calle Alcalá. Desde ese momento, y después de su inclusión en Beneficencia no por justicia, sino por el mérito que se había ganado —teniendo en cuenta los condicionantes que la propia empresa puso para entrar en esa corrida, dándole más alicientes aún a las actuaciones de San Isidro-, todo tenía pinta que se allanaría pero nada más lejos de la realidad.

Cuando se comienza a avistar la cima, llega lo más difícil: mantenerse, quedarse más quieto todavía con el toro astifino de los despachos, permanecer erguido y tener cabeza para aguantar lo que venga, pero jamás actuar maniatado. Siempre libre. Y con esa mentalidad salió Fernando Adrián el pasado 17 de junio al ruedo de Madrid: salió a volar, a plasmar sobre la arena de Las Ventas lo que Manzanares y Robles, sus dos grandes referentes, habían profesado a lo largo de su carrera.

Gracias al mismo cielo que le izó quince días antes se encontró con un toro de Juan Pedro Domecq que le hizo, de nuevo, volar alto. Entonces, después de salir por segunda vez a hombros, Fernando Adrián comprendió de verdad que estaba empezando a caminar en un camino de muchas espinas y pocas rosas, pero cuán gratificantes estas últimas. En ese camino encontró a Maximino, un empresario serio y cabal que le tendió la mano para afrontar juntos el futuro. Ambos sabían que el triunfo no le anunciaría en determinadas ferias ya cerradas, pero sí le debía de abrir un hueco en aquellas donde las sustituciones le daban la oportunidad de debutar en muchas de ellas.

Las ferias del verano se fueron cerrando y no aparecía el nombre del madrileño, un espada que aguantó pacientemente en el banquillo esa oportunidad que tanto se merecía. Cuatro orejas en Madrid no las corta cualquiera, sea el público más o menos generoso a la hora de valorar sus faenas. Ese triunfo años atrás le hubiera valido para recorrerse media España, Francia y cruzar el charco el próximo invierno, pero ahora son otros tiempos donde el mercadeo muchas veces coloca en las ferias a toreros descatalogados o con pocos méritos en detrimento de otros que han dado méritos sobrados para estar anunciados en ellos.

El tiempo dirá si el triunfo de Madrid fue una casualidad o todo lo contrario, pero al menos debe tener la oportunidad de justificarse, de cambiar la moneda o devolverla, pero eso únicamente lo dictamina el toro, no unos despachos injustos en ocasiones así. Pero aquí hace mucho que dejó de existir esa meritocracia que muchos pregonan, no únicamente en el caso de Adrián, sino en el de otros que se han tenido que partir literalmente la cara para que esos empresarios que miraban para otro lado les dieran una oportunidad.

Bien es cierto que es muy fácil hablar del dinero del empresarioese que se juega su parné cada tarde y que puede palmar si la taquilla flojea. Eso todo el mundo lo entiende; lo que no es que se venda un mensaje que luego no se cumple, porque eso no es ir de frente y en este mundo parece ser ser que el único que lo hace es aquel que sale por chiqueros y que entrega su vida sin trampa ni cartón.

 


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